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11

Aug

Vengo esta noche a cantarte, compañera,         desde el fondo tenaz de mis entrañas,           un son de lucha mineral y centenaria.           Vengo a cantarte, hermana, con mi sangre,       para empaparla en tu sangre derramada.         Se apaga tras los siglos ya la noche           en que atada, escarnecida y olvidada,           te dejabas morir junto al fogón prendido       sin un gesto de fuga en la mirada.             Van muriendo las horas solitarias               en que la casa insoportablemente muda           te cercaba por doquier con los recuerdos       inasibles del tiempo sumergido                 en tardes de ventanas y nostalgias.             Tuyos son los amaneceres que vendrán,           tuyo el cántaro preñado de futuros             tuyo el azul sortilegio de los días             que se vislumbran en el horizonte.             Tuya es el arma que abre las compuertas         de un alba que a los cielos amenaza.           Tuyo es el campo virgen que se extiende         ante el ojo sorprendido de los ángeles.         Es tu hora, compañera, hermana,                 la hora del candente itinerario                 que te lleve, magnífica, a la aurora.           Es la hora del verbo desatado:                 Canta, ruge, grita, resucita                   el fuego que se esconde en tus pupilas         y lánzalo como un heraldo del mañana.

Vengo esta noche a cantarte, compañera,
desde el fondo tenaz de mis entrañas,
un son de lucha mineral y centenaria.
Vengo a cantarte, hermana, con mi sangre,
para empaparla en tu sangre derramada.
Se apaga tras los siglos ya la noche
en que atada, escarnecida y olvidada,
te dejabas morir junto al fogón prendido
sin un gesto de fuga en la mirada.
Van muriendo las horas solitarias
en que la casa insoportablemente muda
te cercaba por doquier con los recuerdos
inasibles del tiempo sumergido
en tardes de ventanas y nostalgias.
Tuyos son los amaneceres que vendrán,
tuyo el cántaro preñado de futuros
tuyo el azul sortilegio de los días
que se vislumbran en el horizonte.
Tuya es el arma que abre las compuertas
de un alba que a los cielos amenaza.
Tuyo es el campo virgen que se extiende
ante el ojo sorprendido de los ángeles.
Es tu hora, compañera, hermana,
la hora del candente itinerario
que te lleve, magnífica, a la aurora.
Es la hora del verbo desatado:
Canta, ruge, grita, resucita
el fuego que se esconde en tus pupilas
y lánzalo como un heraldo del mañana.